Todos los esteroides anabólicos son versiones sintéticas de la testosterona y parten de la misma estructura base de 17 carbonos.

Cuando te inyectas, la absorción del esteroide en el torrente sanguíneo está determinada por una cadena llamada éster, que va en el carbono 17.
Quizás los has oído, hay cipionato, enantato, decanoato, undecilenato, propionato, entre otros. Mientras más larga, más tiempo va a tardar en llegar a la sangre.
Al tomarse por vía oral en vez de inyectarse, el compuesto pasa por el aparato digestivo y se filtra primero en el hígado, por lo que solo una fracción logra alcanzar la circulación.
Al llegar a las células, el esteroide cruza la membrana celular, una vez dentro, y dependiendo del tipo de esteroide que sea, puede transformarse en dihidrotestosterona por medio de la enzima 5-alfa reductasa, también puede que se convierta en un estrógeno a través de la enzima aromatasa (proceso conocido como aromatización), y por último, puede unirse al receptor androgénico.
Una vez formado este enlace, viaja del citoplasma al núcleo de la célula. Al llegar donde está el ADN, se separa del receptor y se ancla a puntos específicos del material genético, activando los genes que impulsan la creación de nuevas proteínas musculares.
Y así es como ejercen sus efectos.
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